Peggy Pickit no teme al rostro de Dios

La Compañía Del Cuartel estrenó su tercera puesta en escena como parte de la Semana de Teatro Alemán. Peggy Pickit ve el rostro de Dios de Ronald Schimmelpfennig es el texto seleccionado por Sahily Moreda para continuar una ruta que comenzara hace poco más de un año. Luego de El matrimonio Palabrakis de Angélica Lídel y El Archivo de Tadeusz Rozewicz, la directora decide enfrentarse a un tercer texto, cuyas características la hacen explorar nuevos terrenos sobre la escena.
Peggy Pickit ve el rostro de Dios es una obra del dramaturgo alemán Ronald Schimmelpfennig, de quien hemos visto estrenadas en Cuba La noche árabe por Teatro D´Dos y Julio César Ramírez y El dragón de oro, por Raúl Martín y Teatro de La Luna. Esta vez la Compañía Del Cuartel nos presenta un texto que aborda un tema caro a nuestra sensibilidad, como es el tratamiento de la colaboración de los médicos en otros países. Sin embargo, creo que Peggy Pickit… se aleja de las búsquedas formales y el aliento poético que acompañaban a La noche árabe y El dragón de oro.
Ronald Schimmelpfennig recrea el encuentro de dos parejas de amigos. Luego de seis años Carol y Martin regresan de una larga estancia en África prestando sus servicios como médicos. Durante la reunión se cuentan lo que han hecho las dos parejas con sus vidas en ese tiempo, cuánto han perdido, cuán cansados están, que han logrado. En el texto la conversación fluye sin interrupciones, pues los personajes nunca se callan y suelen repetir en voz alta los pensamientos más indecibles. Las reiteraciones y el tono contenido de las escenas, provocan un cierto estatismo premeditado por el autor, que impide a los personajes ser libres de sus culpas y al espectador avistar la solución de un conflicto que aún se está esbozando en los últimos parlamentos.
Sahily Moreda parece resistirse en una primera instancia, a la presentación de un texto aparentemente convencional de la manera más tradicional. Es por ello tal vez que selecciona como espacio un lugar alejado del circuito habitual como es el patio de la antigua casa de Flor Loynaz. El público es conducido en un ómnibus hasta lo que es la actual Casa de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y durante el trayecto una especie de guía nos revela detalles de la vida de Flor Loynaz y su familia.
Siendo yo una amante ferviente del teatro pensé que la representación había comenzado desde que una actriz interpretaba el papel de guía. Sin embargo no pude encontrar conexiones entre esa muchacha risueña que me hablaba durante el viaje y la muñeca Annie-Abenie; o entre el pelo corto de Flor y las aspiraciones del turista mochilero; o entre la historia de ese espacio y la mía propia viendo una obra alemana de nombre extraño y tema universal.
Entiendo el interés de La Compañía Del Cuartel por crear un espacio de verdadero intercambio que desborde el hecho teatral, en que el espectador, al terminar la obra pueda bailar o compartir un trago con los actores ya desprovistos de maquillaje y vestuario. Considero que esta es una idea seductora y ambiciosa que la directora puede perfilar en futuros montajes, pero creo que en el caso particular de Peggy Pickit ve el rostro de Dios, se convierte en un recurso casi gratuito. De la relación del espectáculo con el espacio sólo se salva, a mis ojos, el sugestivo contraste entre la escenografía, compuesta por muebles de una casa moderna y la alusión selvática que ofrece el patio, como si alguien pusiera a dialogar a las dos parejas también desde lo espacial.
En ese afán por subvertir la manera habitual en que el público asiste a los teatros corre con mejor suerte el resultado del refrigerio y los tragos que el público consume durante el espectáculo, pues Liz y Frank han preparado algo similar para sus amigos. Ellos representarán ante Carol y Martin que son una familia perfecta, nosotros asistiremos también a esa representación y escucharemos impávidos, masticando un pepinillo, esas confesiones tremendas que Schimmelpfennig, desde su pluma, intenta aplacar.
Son recurrentes ya en la obra de Sahily Moreda las proyecciones que en este caso alternan entre lo revelador y el mero resorte tecnológico. En los mejores momentos las imágenes traducen eso que los personajes esconden y la directora cree necesario mostrar, amplificar, aun cuando nuestra vista oscile necesariamente entre el afán de ensartar una aceituna, los actores y la pantalla. Es esta interacción o tal vez, desajuste entre realidad y ficción, identificación y distanciamiento, lo que más me interesa de la puesta, no en términos de resultados, sino como punto de partida para futuras búsquedas de la Compañía.
Peggy Pickit ve el rostro de Dios es un texto difícil para los actores, quienes además son observados por el público desde una perspectiva no convencional. Ya no estamos en una oscura y hundida luneta, sino en una mesa con comida y bebida, posición esta del espectador que condiciona una mirada diferente. Otra vez el espacio se vuelve en contra, pues la relación del público con respecto al actor cambia, sin embargo los actores se desenvuelven como en el más tradicional de los escenarios. Quizá por eso la directora sienta la necesidad de una escena como la del monólogo de Martin interpretado por Yasel Rivero quien se despoja de su ropita bien planchada e interactúa con el espacio y el público de forma coherente, visceral y al mismo tiempo cínica, como quien se burla del propio rostro de Dios. Creo que al resto del elenco en sus personajes le falta esa cuota de desenfado con que al final de la obra, descubren su traje de baño y se van a la piscina.
Peggy Pickit ve el rostro de Dios es un espectáculo en el que se aprecia una poética en formación, una exploración válida, la búsqueda de un lenguaje y también de un espectador diferente. Sahily Moreda y su Compañía Del Cuartel nos regalan en cada una de sus puestas, más allá de las novedades del texto o el espacio, una experiencia que también desborda el hecho teatral y es tan especial como asistir a un nacimiento. Esos nacimientos de los que estamos siempre urgidos. Ojalá la criatura se goce para bien de la escena cubana.

Última modificación: 17 de enero de 2013 a las 13:36
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