Ecos de la memoria

Si de homenaje se trata, resulta difícil encontrar palabras exactas para referirse a Celia Sara Ponce de León y Pérez del Castillo, Cuqui, más aún cuando otros han logrado hacerlo con maestría y el empeño puede parecer reiterado. Pero habitualmente las páginas encuentran algún lector novato, y dejan de ser ecos para convertirse en mensajes cargados de información novedosa. Por eso aquí va un sencillo, pero muy justo reconocimiento, para quien se convirtió en una de las más grandes directoras de teatro y televisión.
Cuqui comienza su carrera como aficionada con apenas 3 años de edad. A inicios de la década del cuarenta de la pasada centuria, el Patronato del teatro se convierte en su primera escuela artística, donde además de actuar, da los primeros pasos como directora y se ocupa del montaje, el maquillaje y las traducciones. Recibe el Premio Talía en 1946 y 1959, con las obras “El loco del año” y “Sólo por amor”, respectivamente. También en 1955 obtiene el Premio ARTIC por la dirección de “Infamia”; para ese entonces ya pertenecía además al grupo ADAD. Todo esto con una formación artística básicamente autodidacta.
Esta fue siempre una mujer de envidiable preparación. Sus visitas a Broadway la ayudan a convertirse en una conocedora del teatro norteamericano de los años cuarenta y cincuenta. Entre 1944 y 1945, en Nueva York, recibe un curso de actuación, dirección y maquillaje en el New School of Social Research, escuela del importante director de teatro Irvin Piscator; y en 1947 aprueba la condición de actriz en la Asociación de Artistas.
Durante la década del cincuenta se mantiene trabajando en el Patronato; presenta obras en las salas Thalia y Hubert de Blanck, así como en la Sala de Adolfo de Luis. En este mismo período se desempeña también en otras labores, como las que tuvo que cumplir en el cargo de Inspectora Auxiliar de Inglés en el Ministerio de Educación y, posteriormente, en el de Inspectora Provincial de este idioma. Pero, sin dudas, su trabajo de dirección con vista al estreno de obra “Mujeres”, de Claire Boothe, constituye su mejor resultado profesional en esta etapa. No se debe olvidar que tal estreno, con 200 representaciones entre 1958 y 1960, se considera el éxito más grande de nuestro teatro pre-revolucionario.
En 1948 se suma a Unión Radio y dirige un cuadro de comedias y dramas con actores de la talla de Gina Cabrera, Roberto Garriga, Marcial Avellaneda, entre otros. A partir de 1950 forma parte del equipo fundador del canal televisivo cubano Unión Radio TV (Canal 4), donde crea el primer espacio teatral de la televisión cubana. Con el cargo de Jefa de Programación, se convierte en la primera mujer que ocupa funciones de producción y dirección de TV en Iberoamérica.
En el mismo año 1950 viaja nuevamente a los Estados Unidos frente a un grupo de 15 cubanos para familiarizarse con nuevas técnicas televisivas y poco a poco se convierte en una figura conocida para los televidentes. Lleva a la pantalla obras como “Scherzo”, de Eduardo Manet; “Mañana es una palabra”, de Nora Badía, y programas como Fotocrimen RCA Víctor, que marcaron el inicio de su carrera en el medio audiovisual.
Ahora bien, no solo la historia de la Televisión Cubana está estrechamente relacionada con su nombre, también las tablas le deben mucho a Cuqui, quien fue la directora fundadora de la compañía teatral Rita Montaner, la primera creada por la Revolución. Dedicada en cuerpo y alma a su labor escénica, y ante el reto de crear un conjunto de teatro musical que gozara de popularidad, agrupa a conocidos actores para formar, a finales de 1961, este colectivo. Enfrascada en esta nueva empresa, Celia monta comedias y vodeviles que repletan los escenarios de la ciudad, y así ocupa rápidamente un lugar trascendente dentro del panorama teatral.
Obras como “Propiedad particular” primer estreno del grupo en 1962, “Recuerdo a mamá” (1963), “Las Yaguas” (1964), “Arsénico y encaje” (1964), “Un gallo para Ikú” (1966) y “Hotel de libre cambio” (1967), son algunas puestas en escenas que forman parte del repertorio del Rita, en un período en el que llega a tener hasta cinco estrenos anuales. El conjunto alcanza récords de público con “Ese lunar”, de A. Hart y M. Bradell (1962), la cual constituyó la primera obra que llenó completamente el Teatro Mella. Entre los años 1963 y 1965, el grupo participa en el III, IV y V Festival de Teatro Latinoamericano auspiciado por la Casa de las Américas con las obras “Carnaval adentro, carnaval afuera”, “La pérgola de las flores” y “Soledad para cuatro”.
Es posible decir que Cuqui Ponce de León y el grupo Rita Montaner representaron una importante escuela para renombrados actores, como Aurora Basnuevo, Doris Castellanos, Hilario Ortega, Amelita Pita, Jorge Losada y Teté Blanco; asimismo significaron mucho para el desarrollo de varios directores, entre los que se hallan Miguel Montesco y María Elena Ortega. La exigencia y la disciplina, la exquisitez en los castings, los sobrecargados planes de trabajo, el rigor de los ensayos y el gran compromiso con los estrenos, caracterizan la labor de este grupo en sus primeros tiempos.
Con una excelente ambientación y un espacio que revelaba el buen gusto de la directora, el Rita alcanzó a ser un colectivo notablemente popular. La premisa de la letra aprendida y el refinamiento en el decir, el humor inteligente y el dominio físico y vocal de los actores, hizo que esta compañía fuera portadora de la más alta comedia. No es de extrañar que algunos entendidos cataloguen los primeros años del Rita Montaner como la época de oro del grupo.
Cuqui estuvo dirigiendo este conjunto teatral hasta 1968, cuando decide regresar a la televisión. Creadora de espacios como Conversando, Teatro ICRT y El cuento, alcanza incontables éxitos hasta su jubilación en 1989. Programas dramáticos, culturales e infantiles la ubican una vez más en la cima del mundo televisivo y la hacen en el 2003, merecedora del Premio Nacional de Televisión por la Obra de la Vida.
Muchos recuerdan a Celia por su elegancia, su inteligencia natural y su amplia cultura, dada esta última por sus constantes estudios y búsquedas. El conocimiento de géneros y estilos escénicos, permitió a esta directora elaborar puestas en escenas que articulaban entretenidos enredos amorosos y sabroso humorismo de situación. Dirigió siempre con un método propio, formado a partir de la experiencia, y en el cual la escenografía desempeñaba un papel determinante. Según se conoce, Cuqui necesitaba un esquema inicial para luego unir a este los restantes componentes escénicos y llegar a una armonía que casi siempre conseguía.
Estudiante de pintura y modelado en San Alejandro entre 1958 y 1961 y graduada a los 73 años de Historia del Arte en la Universidad de la Habana, Cuqui no se cansó nunca de cultivarse. Otros de sus reconocimientos fueron: Distinción por la Cultura Nacional (1988); Medalla 40 Aniversario de la TV cubana (1990); Miembro de mérito de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) (1999); y Sello 50 Aniversario de la Televisión Cubana (2000).
“Según Rolando Ferrer: hay personas que tienen el gusto de su clase, y Cuqui era una de ellas”. Es por eso que esta figura estuvo siempre revoloteando en las almas de quienes tuvieron la oportunidad de trabajar a su lado o disfrutar de su talento. Acompañémosla pues, al lugar que merece: la memoria.

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1 Según Miguel Montesco no fue Santa Camila de Brene, sino “Ese lunar” quien alcanzó el récord de repletar el Mella. (Entrevista realizada a Miguel Montesco por Miguel Sánchez de León el 29 de enero del 2002. En: Compañía teatral Rita Montaner 40 años, Centro Nacional de Investigaciones de las Artes Escénicas, La Habana, 2002).
2 Entrevista realizada a Gerardo Fulleda León para la presente investigación.

Última modificación: 16 de febrero de 2012 a las 15:30
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