Cuqui Ponce de León: Todo lo nuevo me interesa

Cuando visito su casa del Vedado habanero, mi mirada se detiene ante el precioso retrato que parece dominar la sala. El artista devuelve la imagen de una mujer de serena belleza y personalidad cautivante que me impresiona por la hondura que vislumbro en sus ojos.
— Es mi abuela materna -. Me dice con la sencillez que acostumbra Cuqui Ponce de León. No sé, pero tiene algo especial para mí –acoto.
—Claro –responde Cuqui -, tiene la clase de la mujer camagüeyana. Al principio de la guerra de independencia ella perdió a su primer esposo, el doctor Eduardo Agramonte Piña. Después tuvo que emigrar con la familia y, en México, conoció a mi abuelo, también cubano, José Pérez del Castillo, que aparece en el cuadro que tienes a la derecha. Ella es Matilde, la hermana mayor de Amalia Simoni, esposa del Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz.

¿Tiene antecedentes artísticos en la familia?

Que yo recuerde siempre se decía en casa que mi abuela y mi tía-abuela en la juventud tocaban el piano muy bien. Eran fruto de una familia principeña que se preocupó por la educación esmerada de sus hijas. También procedo, por parte de padre, de los Ponce de León y Bachiller y Morales, que eran mi abuelo y bisabuelo; aunque, claro, ellos se desarrollaron en el campo de las letras.

Usted comienza muy joven su actividad artística. ¿Por qué?

Siempre tuve esa vocación, desde adolescente me sentí atraída por el arte. Creo que lo primero que hice fue bailar en funciones de caridad. En el Instituto pertenecía a los grupos artísticos. Después me absorbió totalmente el teatro. En 1943 ya era directora en el Patronato del Teatro y ese mismo año presenté El que dirán, original de Isabel Fernández de Amado Blanco, que obtuvo una crítica muy favorable. Si mal no recuerdo en esta obra trabajaron Alberto González Rubio y Eduardo Egea, siendo muy jovencitos.

Y después, ¿qué obras recuerda?

Imagínate, ya tengo 87 años y la memoria me falla mucho, pero te voy a hablar de los premios que recibí en el Patronato del Teatro. Fueron con la obra El loco del año, en 1945 y 1947. Me entregaron el premio Talía en 1959 con Sólo el amor. Hay otra obra que premió el Colegio de Periodistas, que ahora no recuerdo el nombre, y que contó con las magníficas actuaciones de Violeta Casal y Violeta Jiménez. La crítica especializada se hizo eco del éxito que alcanzaron La señorita de Trévelez, El tío Enrique y Lluvia de Somerset Maugham. Fueron tantas en tantos años que ya mi memoria no puede atrapar cada detalle.

¿Cuándo llega a la radio?

La radio la hice sin abandonar el teatro. Fue en Unión Radio, de Gaspar Pumarejo. Pero como a los dos años nos disgustamos porque yo me llevé a Lolita Berrio, que era actriz de Unión Radio, para una obra de teatro y chocaron los horarios, finalmente me llevé a Lolita para el teatro y ambos nos pusimos bravos y rompimos las relaciones. Después, trabajando en Publicidad Wastela, hicimos algunas cosas para la CMQ y allí me vio un día Pumarejo y me dijo:
— ¿Te interesa la televisión?
Y le contesté: – A mí todo lo nuevo me interesa.
Entonces, se despidió de mí con un hasta mañana en Mazón y San Miguel. Fui a verlo y me contrató.

Tengo entendido que usted viaja a Estados Unidos en función de la televisión.

Sí, eso fue antes de inaugurarse la televisión. Fui a recibir un curso de video en la National Broadcasting Company y, en New York, un curso de arte dramático, y considero que ambos me aportaron mucho en mi trabajo posterior.

¿Y que funciones le asigna Gaspar Pumarejo en la televisión?

Empecé de jefe de programas, pero a mí no me gustaba y a los tres meses le dije:
– Mira, Gaspar, yo me voy porque a mí esto no me gusta.
Y me dice él : — Tú no me puedes hacer eso a mí, parece mentira – porque él le lloraba a todo el mundo. Al final me preguntó: – ¿qué es lo que tú quieres hacer en la televisión?
— Por supuesto que dirigir –le respondí— porque lo mío no es la oficina, es la dirección de programas, que es lo que he hecho desde que estaba en el Instituto estudiando el Bachillerato.

Usted recuerda los primeros programas que hizo en la televisión de Pumarejo.

Comencé como productora y directora del Teatro del Lunes. Precisamente debuté con una obra de Eduardo Manet que se llamaba Scherzo y la segunda fue en el marco de Semana Santa, se llamaba Donde se hizo la cruz. Cuando aquello, en la televisión de Pumarejo los programas salían en vivo y no se grababan. El público reclamó la retransmisión de la obra y tuvimos que reponerla de nuevo, en vivo y directo, al aire. En la primera trabajaron Julia Astoviza, Vicente Revuelta, Pedro Martín Plana y Manolo Coego. Y en la segunda busqué a Antonio Vázquez Gallo, de los demás no me acuerdo. Por cierto, Vázquez Gallo se quedó después como director en el Canal 4, creo que empezó haciendo programas infantiles.

Hay un teatro que recibió una opinión muy favorable de la crítica especializada, fue el titulado Retablo, original de Félix Pita Rodríguez, donde actuaron Ernesto de Gali, María Ofelia Díaz, Vicente Revuelta y Carmen Acevedo. Guardo el periódico.

¿Cuándo comienza a hacer programas de continuidad, o sea, seriados, en televisión?

Nunca los hice, lo mío eran los de una unidad: media hora, una hora o lo que durara el programa. Lo más que hice fueron cuentos y teatros. Además, al principio no se hacían seriados.

¿Y cada qué tiempo se transmite el teatro en Unión Radio-Televisión?.

Yo los hacía todas las semanas. El espacio se llamaba Teatro del Lunes, los escribía Félix Pita Rodríguez, eran originales, y después los siguió escribiendo un español que se llamaba Leandro Blanco, éste adaptaba teatros para el lenguaje de la televisión.
Félix Pita Rodríguez hacía también un programa muy bueno que se llamaba Fotocrimen RCA Víctor.

Y los autores más universales, los llamados clásicos. ¿Se incluyen en esta televisión al principio?

No, en ese momento no se hacían. Yo vine a incorporarlos más tarde, ya en la
CMQ-TV. Cuando yo trabajaba para Publicitaria Wastela hice algunos programas para la CMQ, pero después no recuerdo exactamente cuando me quedé fija en CMQ- TV. Más tarde me asignaron un grupo para que yo los enseñara, pero me parecía que estaba ganando un salario sin dirigir. En esos años yo también era profesora de actuación en la Escuela de Arte Dramático y pertenecía al grupo de teatro Rita Montaner. Dejé por un tiempo la televisión y me dediqué totalmente al teatro.

*Y después, ¿ cuándo regresa? *

Sentía nostalgia por la dirección de la televisión y fui a ver al Comandante Serguera, que era el Director del ICR a principios de los años sesenta. Le expliqué el problema y le dije que me interesaba dirigir en televisión con el mismo salario que tenía en el teatro, o sea sin cobrar nada en televisión. Me dice él :–No, no, no, usted viene completa para acá, que aquí hace falta .
Y yo le dije: – Bueno, voy a probar. Hice un programa y cuando terminó, le dije: – Me quedo.
Y dejé definitivamente el teatro.

Y en aquellos momentos que usted refiere que todo se transmite en vivo directo al aire ¿Con cuántas cámaras ustedes hacían un cuento o un teatro?

Con dos o tres cámaras cuando más. En CMQ se grababa, pero lo tomaban del aire para los archivos o para la reposición.

*¿Cuál es su opinión sobre la profesionalidad que debía tener todo el colectivo de un programa en aquellos momentos; la memoria envidiable de los actores y actrices, cuando los comparamos con la forma de hacer en estos momentos? *

Yo creo que eran mucho mejores. Me da pena decirlo, pero la verdad es que tenían que trabajar mucho, porque no era sólo aprenderse las escenas individuales de cada cual, sino que todos tenían que aprenderse toda la obra, que duraba una hora o más, lo que fuera. Y se la aprendían, y se cambiaban de ropa en el mismo estudio, mientras otros hacían otras escenas, y así salíamos.

Y ahora, que se graba por escenas y se dispone de más tiempo para la revisión. ¿Usted cree que eso le resta profesionalidad al colectivo de realización?

Yo no creo que le haya restado profesionalidad. Creo que se lo han hecho más difícil. Porque no entiendo cómo se puede hacer una escena dramática de dolor y que, a lo mejor la siguiente, sea de fiesta, de alegría. Para mí es una verdadera locura.
En teatro y en radio estás en el personaje todo el tiempo, lo sigues, lo continúas, y vas sintiendo las cosas que tiene que sentir el personaje, sin tener que cortar en el capítulo seis o veinte, para hacer escenas de los capítulos sesenta o cien. Se pierde bastante en la progresión dramática. Pero, además, hace poco vi una obra donde un personaje sale interpretado por dos actores distintos en el mismo capítulo.

Sé que fueron innumerables, pero ¿con quiénes trabajó más?

Son muchísimos. En primer lugar, Margarita Balboa, que trabajó conmigo desde el Canal 4. Recuerdo que siempre le decía que yo no entendía por qué trabajaba de locutora y no se dedicaba por entero a la actuación. Después lo hizo y fue una actriz brillante. Entre los imprescindibles que dirigí se encuentran Raquel Revuelta, Maritza Rosales, Rosita Fornés y Armando Bianchi, entre tantos.

Se da el caso que usted labora en dos canales de televisión a la vez.

Cómo no. Después de 1962 hubo momentos en los cuales trabajé en dos canales, porque no había contradicción. Por ejemplo, más acá en el tiempo recuerdo que yo dirigía el programa Conversando, que conducía magistralmente la chilena Mirella Latorre. Este se hacía en el Canal 2, que tenía los estudios en P y 23, mientras ,a la vez, por el Canal 6 continuaba haciendo teatros y cuentos.

Cuqui, ¿ se conservan las grabaciones de estos teatros?

Con gran dolor te digo que he indagado y no queda nada, los habían borrado. Es más yo grabé dos programas: uno con Maritza Rosales y el otro con José Corrales y se borraron antes de salir al aire.

Entre sus aficiones, ¿usted gusta mucho de la música?

Me gusta muchísimo. Aunque no se nada de música, ni teórica ni técnicamente, si sé apreciarla. Mi autor favorito es Beethoven, lo considero el genio entre los genios de la música de todos los tiempos.

¿Y la literatura?

Aunque he tenido poco tiempo para hacerlo, me gusta mucho leer, sobre todo las obras biográficas y las comedias. Uno de mis autores favoritos es Oscar Wilde, por lo interesante de sus argumentos y por el estilo que despliega.

Entre las personalidades galardonadas con el Premio Nacional de Televisión en su primera edición, creo que muy justamente se encuentra Cuqui Ponce de León. ¿Cómo lo recibe?

Ante todo con una gran sorpresa, y también con muchísima alegría. No lo esperaba, pero fue tan agradable recibirlo junto a un grupo de compañeros y compañeras que han prestigiado tanto a nuestra televisión…, creo que ese también fue para mí el mayor honor.

¿Cuándo y por qué usted se retira de la televisión?

En 1989, tenía setenta y tres años, pero me sentía con mucha vitalidad. Pero un día me lo pidieron para darle oportunidad a los más jóvenes, y fui disciplinada. Pienso que todavía podía serle útil a la televisión, y después nunca más me llamaron para nada. Por eso, este premio que tanta alegría me dio, lo recibí también con sorpresa.

Entonces después de 1989, ¿no hace nada más en televisión?.

Verla solamente. Algunas cosas me gustan y otras no. Hay programas que no sé porque los ponen, fundamentalmente la gente se queja más de los musicales, por los movimientos, a veces resultan groseros, vulgares. En el parque donde hacemos ejercicios me comentan que el Canal Educativo es distinto, que ese si es una televisión para respetar, pero tengo la mala suerte que ese Canal no lo capto aquí en mi casa y estoy muy interesada en verlo por lo que me cuentan las amistades. Acabé de comprar una antena nueva para ver si logro la sintonía con él.

De los directores con los que coincide ¿Cuáles son para usted nombres obligados en nuestra televisión?

Me voy a referir solamente a las obras dramáticas: Antonio Vázquez Gallo era uno. También Erick Kaupp y, sobre todo, Roberto Garriga.
Se logró una forma de hacer muy digna, a pesar que en aquellos momentos se trabajaba con muy pocos recursos. Pero, con dos o tres cámaras y un estudio se lograba la ambientación adecuada. Y no solamente los directores, había un trabajo de escenografía, de vestuario, del movimiento de cámaras digno de elogio. Entre los directores no te mencioné a Carlos Piñeiro, era muy bueno, aunque él no ponchaba las cámaras.

¿Cómo usted se llama realmente?

Mi nombre verdadero es Celia Sara Ponce de León y Pérez del Castillo. Celia porque a mi mamá le gustaban los nombres pequeños y Sara porque mi padre quería que fuera igual que el de mi madre, que se llamó Sara Pérez del Castillo y Simoni. Pero desde pequeña me comenzaron a llamar por Cuqui y nadie me conoce por Celia Sara. Cuqui se convirtió en mi nombre propio.

¿Es graduada universitaria?

Sí, me gradué en Historia del Arte ya con sesenta y tres años, en el primer curso que hizo la Universidad de la Habana para trabajadores.

Queda mucho por decir, pero no puedo llegar a lo más profundo del cofre de una memoria que, como ella manifiesta en medio de una risa contagiosa, tiene ya muchos años. Me retiro de su casa con el dolor de no ser capaz de llegar al gran caudal de experiencia de esta extraordinaria mujer, que es por méritos propios, una de las primeras luminarias del Teatro, Unión Radio, Unión Radio-TV y CMQ Televisión.
Creo que no exagero al afirmar que no se puede escribir la historia de la Televisión Cubana si no se tienen en cuenta los aportes de Cuqui Ponce de León. Al hablar de ella pienso en el teatro, manifestación a la que se vincula con apenas quince años, para dirigir con gran éxito en 1943 para el Patronato del Teatro obras validadas de extraordinarias por la crítica especializada. Más tarde Unión Radio la integra a su elenco y en 1950 llega a la televisión, donde escribe hermosas páginas como directora de teatros y cuentos, labor que desarrolla sin abandonar el contacto con el pueblo en las salas de teatro, hasta que CMQ Televisión la absorbe totalmente y la reintegra a la televisión para formar parte del grupo de los directores dramáticos más consagrados.
¿Cuántas horas de alegría, ensueño, satisfacción, conocimientos le da al pueblo durante tantos años de entrega total detrás del escenario de un teatro, en la cabina de transmisión de radio o cuando poncha las cámaras de televisión? ¿ Cuánto le debemos a esta pedagoga artista que enseña a las nuevas generaciones con su práctica? Nadie podrá olvidarla, su nombre queda atrapado en la memoria de los estudios de la radio y la televisión cubanas.

Nació en LA HABANA, el 9 de diciembre de 1916 . Falleció en el 2009.
PRINCIPALES RECONOCIMIENTOS

Distinción por la Cultura Nacional

Premio Nacional de Televisión por la Obra de la Vida

Artista de Mérito de la Radio y la Televisión Cubanas

Distinción Raúl Gómez García

Medalla Pepe Prieto como Fundadora de las Milicias Nacionales Revolucionarias

Última modificación: 16 de febrero de 2012 a las 15:25
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